Roger Muraro

Siempre quiso ser saxofonista pero se convirtió en un gran pianista…Esta frase resume en esencia la trayectoria profesional de Roger Muraro, uno de los más prominentes pianistas franceses de nuestro tiempo.

Sus sobresalientes aptitudes físicas, su gran talla y sus interminables manos de largos dedos le proporcionan una tremenda facilidad a la hora de abordar el teclado del piano. Bajo estos dedos mágicos capaces de sacar cientos de matices, el gran piano de cola resuena con un colorido difícil de igualar, y hacen de Muraro un perfecto dominador de este instrumento.

Los distintos timbres y colores del piano aparecen perfectamente controlados por este gran músico para quien la técnica del toque se presenta con una facilidad soberana.

“He tenido la suerte” reconoce Muraro “de tener un gesto pianístico natural a la Italiana, gesto que por desgracia se ha visto perjudicado por los muchos defectos que fui adquiriendo por comenzar a trabajar solo y que aún alguna vez sigo trabajando para corregirlos.”

Hijo de padres venecianos, nacido en Lyon el 13 de Mayo de 1959 Roger Muraro creció en un pueblo de la región Lionesa donde su madre trabajaba el campo. “Ella cantaba mientras recogía maíz”, recuerda Muraro “y como no había sitio para mí en el club de fútbol local mis padres me inscribieron a la banda”. Verdadero hombre orquesta, el director de la banda era flautista y daba clases de clarinete y de saxofón. Muraro opta por este último instrumento.

El repertorio concreto de saxofón abre el espíritu del joven músico y le hace enfrentarse enseguida a obras contemporáneas desde René Leibowitz a Edison Denisov, pasando por Marius Constant. “Más tarde” se alegra Muraro de comentar “yo abordaría las piezas de piano de Messiaen como cualquier otra obra de saxofón, sin plantearme más problemas.”

Cuando entró al conservatorio de Lyon, con 11 años, descubrió el piano mientras estudiaba el saxofón. “Este último me enseñó a frasear, a entender la orquesta, lo que me llevó después a fijarme en la orquesta durante los conciertos, cuando no estaba tocando. En efecto, no puedo considerarme más que como un músico de cámara tocando junto a ochenta músicos.”

En 1972, aunque todavía no conoce las escalas en el piano, el autodidacta Muraro ya estaba tocando las polonesas de Chopin, lo que percibió su profesor de saxofón quien le confió a Suzy Bossard. A los 17 años se presenta a las pruebas de acceso al Conservatorio de París que suspende. Sin embargo, un miembro del jurado, Ivonne Loriod esposa de Olivier Messiaen se fijó en él y le dijo a la salida del examen:

“Es exactamente lo que me gusta. Ok, le has golpeado pero eso es temperamento!”.

En 1978 ingresa en su clase del Conservatorio de París, lo que le lleva a conocer a Messiaen. “La primera vez que le vi fue en una audición de los alumnos de su esposa. Vino a verme y me dijo “Oh, ha sido magnífico”. Enseguida quiso llevarme con él para hacer proyectos por todo el mundo, pero yo me negué pues sólo llevaba 5 años de estudio de piano.” En efecto a Muraro le hacía falta adquirir una experiencia suficiente para forjarse una personalidad, aprender lo que es un estilo y un fraseo. Para conseguirlo trabajó con Éliane Richepin, quien le expuso al gran repertorio pianístico y con quien se preparó para el Concurso Tchaikovsky, donde ganó el cuarto premio en 1986. “Así que abordé a los Rusos, un repertorio más romántico, y abandoné momentáneamente a Messiaen, ocupando todo su espacio”. Muraro dio su primer recital en Febrero de 1980 en Lyons, tocando un programa maratoniano. Ocho años después, él mismo financió su primera interpretación en público de las Vingt Regards de l’Enfant Jésus, de Messiaen, concierto éste último de un reconocimiento convincente.

Dieciséis años después de la muerte de Messiaen, Roger Muraro toca su música por todo el mundo y la enseña en el Conservatorio de París, junto a la de Mozart, Beethoven, Chopin, Debussy, Ravel o Bartók.

“Hoy en día estoy menos catalogado como de “Messiaen” y no tengo que invertir mucho en su nombre como en el mío. En realidad he observado que las orquestas que me pedían preparar sus obras en una semana, ahora mismo pueden hacerlo en dos días y medio de ensayos. También observo que un poco en todas partes del mundo Messiaen es un compositor que es tocado igual que uno toca a  Stravinsky. Sin embargo siempre vuelvo a los compositores en los que Messiaen confiaba Mozart, Chopin, Mussorgsky, Debussy, Albéniz…”

En realidad, es el piano como posible orquesta lo que siempre ha tentado a Muraro. En este sentido podemos entender su compromiso con la Orchestra Filarmonica della Scala de Milán, dirigida por Daniel Barenboim, en Noviembre de 2008. Estaba tocando el segundo concierto de Bartók.

«Yo simplemente lamento », dice él, «haber nacido treinta años tarde . Realmente pienso que a pesar de mi repertorio soy un pianista de los cuarenta. Me siento muy cercano a Yves Nat o a Alfred Cortot. Su Chopin es tan intenso!”

Roger Muraro ha sido elegido en 2009 « personnalité musicale de l’année » por la Unión Francesa de la Crítica. Es Chevalier dans l’ordre des Arts et Lettres.

www.rogermuraro.com